Lucía corre por el bosque. Huye de una mujer
siniestra que la acecha. De repente, el cielo derrama un tinte umbrío,
cubriendo con un manto negro el camino. Lucía siente alivio, cree que la ha
perdido, hasta que la linterna cósmica resurge entre las nubes y un destello de
luz acuchilla su juicio. Ella está otra vez cerca. La silueta, vestida de
tiniebla, repta por la tierra seca y se adueña de sus huellas.
Es la música del alma en una sinfonía de frases sopranas. Es el arpegio de letras en un pentagrama imaginario, tarareando una canción en cada párrafo. Es una simple sinestesia donde los sentidos se mezclan y la prosa nos susurra una melodía singular, invitándonos a explorar un más allá... donde otra dimensión nos espera...
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27 de noviembre de 2017
6 de diciembre de 2016
La Vecina
La lluvia rasguña los prismáticos con furia y
salpican mi visión nocturna justo cuando sale de su casa ella. Lo hace pasar
y él no espera; en el vestíbulo, le quita sus prendas. Ella enciende una vela y
suben las escaleras hasta que se desliza una cortina blanca y solo aprecio
sus sombras en la planta alta. De repente, él extrae un cuchillo y hace con
ella lo que conmigo ha convenido.
Microrrelato Seleccionado para formar parte de la Antología: "Inspiraciones Nocturnas III" publicado por Diversidad Literaria - Madrid - España.
22 de julio de 2016
Aguas Mulatas
Lucero corre sobre la arena. Alguien la acecha.
Escucha pasos que se acercan. Ella no quiere ser más su presa. Tropieza con una
piedra y cree sentir la respiración agitada del hombre que desea adueñarse
hasta de sus huellas. Su corazón se acelera y su boca se reseca. Las olas
rompen en la orilla y salpican su vestido grisáceo. A unos pocos metros divisa
un faro. El plomizo del cielo oscurece el mar y la bruma empaña sus ojos
negros. Lucero corre, sin aliento; tiene miedo. Voltea su mirada y ve la sombra
en la playa. Se siente abatida pero aligera su huída. En el faro no hay nadie y
el muelle que lo costea espera que ella tome la decisión correcta. Lucero rasguña
la madera de las vallas, dejando vestigios de desesperanza. La negrura repta
sobre la arenilla y se aproxima. Ella ni lo piensa; se precipita a las aguas
mulatas. Lucero nada, desesperada. La sombra
se evapora en la niebla y a ella se le adormecen las piernas.
21 de julio de 2016
El Alma de la Montaña
Rafael inicia la caminata. La Sierra de
Famatina, envuelta por nieves eternas, lo atrae hacia ella. Avanza y la altura
sofoca su conciencia. Recuerda la leyenda que un nativo le contó antes de que
partiera: “Dicen las malas lenguas que aquel que sube sólo a la montaña, jamás
regresa. Pide permiso y, si te sientes en peligro, danza con la tierra”. Rafael
subestima aquellas palabras y se encomienda a su experiencia. Se deja guiar por
unas vagonetas, que transportaban minerales atravesando los valles. Rafael
confía en su instinto e insiste con llegar a destino, hasta que escucha el eco
de un grito. Cree que es el delirio de su mente cansada, y bebe agua. Toma
hasta la última gota y cuando decide continuar, su razón se desmorona. Se apoya
en una piedra. Con la voz asfixiada, le implora ayuda a la cordillera. Observa
que una silueta lo llama desde la cima. Ignora si alucina o si el alma de la
montaña lo hipnotiza. Sus ojos se cierran. No sabe si la odisea finaliza o recién
comienza.
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